El mito de Medusa y la revictimización
de la mujer
Lic. Jeffry Campos Monge
Pastor Luterano
En las mitologías, una narración puede
ser conocida desde varias fuentes distintas,
cambiando personajes, tramas e incluso finales.
Lo anterior es muy frecuente cuando las
narraciones son trasmitidas por medio de la tradición oral. Cuando determinada narración
ha pasado a la tradición escrita, esta se vuelve más estable en cuanto a los
contornos narrativos, aquí lo que si es cambiante y dinámica es la interpretación que
se haga de la misma historia.
En el caso del Mito
de Medusa, la narración nos llega por la pluma del poeta Ovidio el cual describe
como la hermosa y deseada sacerdotisa de Atenea es violada por Poseidón y
rechazada por la divinidad femenina a la que sirve. Como si no fuera suficiente,
como consecuencia de la violación la diosa principal del templo en el que la
doncella sirve la “castiga” trasformando sus cabellos en serpientes.
Esta breve reseña
del mito de Medusa nos debe hacer pensar en los constantes femicidios,
violencias intrafamiliares, acoso callejero, desigualdades económicas y muchas
otras formas de violencia hacia la mujer y como en muchas ocasiones, además de
ser violentadas, existe una tendencia casi inmediata a la culpabilización de la
mujer. Esta doble victimización no es otra cosa que la validación de todas las
formas culturales de dominación, que solapadamente se esconden y reproducen en
los distintos dispositivos culturales: formación del hogar, juguetes,
canciones, películas, lenguaje coloquial, y restricciones de roles por género.
En la narración mitológica
de Ovidio, Medusa no es una mujer violada que debe ser protegida y su dignidad
resarcida al castigar a la divinidad masculina que la ha violentado; todo lo
contrario, ella, al verse vulnerable se esconde en el templo del cual espera
recibir seguridad, pero contrariamente
recibe repudio de la diosa a la que servía, ya que con “su impureza ” violenta
la santidad del lugar, y como consecuencia es vilipendiada al punto que al ser trasformado su cabello en serpientes se le
niega su humanidad para llevarla al ámbito de lo monstruoso.
Oculta en la narración
mitológica está todo el sistema de valores del mundo griego, en estas como en
otras narraciones, se esconden los códigos conductuales, los horizontes de
sentido y las formas de comprender las relaciones hombre y mujeres.
Hoy también tenemos
nuestras narraciones “míticas” cumpliendo la misma función. El reportaje de
canal 7 titulado “La habitación Número 3” no solo se está pensado en el titulo para
un reportaje, sino que, de forma tendenciosa, busca llevar la comprensión de un
femicidio hacia el terreno de la historieta policial, vaciando el incidente de
la comprensión sociológica, de género que están detrás del crimen.
Pero esta no es la
primera vez que vemos como algunos medios de comunicación se han decantado por
este tipo de narrativas que en su fondo buscan más impactar el imaginario
morboso que la conciencia crítica y la empatía e indignación que deberían despertar
en cada uno de nosotros cada ves que un hecho de estos sucede.
Expresiones como: “por
vestir así”, “esas no son horas de salir”, “seguro lo andaba buscando”, son
solo algunos ejemplos de como se ha interiorizado en algunos sectores de la población
la lectura culpabilizadora, la cual oculta una inconfesa lealtad a los sistemas
y mandatos sociales que validan la violencia hacia las mujeres.
También el cristianismo
debe volver su mirada a las narrativas relacionadas hacia la figura de la mujer,
ya que también dentro de la comprensión de ciertas figuras femeninas ha caído un
nimbo de maldad intrínseca o de moralidad dudosa. En este particular se debe
recordar el error histórico en el caso de María Magdalena, la cual por una predicación
del papa Gregorio el Grande (591) la confunde con las mujeres mencionadas en Lc7,37-Lc
8,1.
Hoy las nuevas mitologías
sobre la mujer y el hombre vienen de los grandes medios culturales que masifican
imaginarios de niñas modelos hipersexual izadas y varones que están siendo
socializadas en el consumo de la violencia como una forma de entretenimiento, produciendo
la cosificación de la existencia y creando los escenarios psicológicas y
sociales para la violencia normalizada.
Para finalizar, hoy
más que nunca se debe desarrollar un profundo rigor crítico con todas las
producciones culturales, ya que es en estas en donde se esconden los
dispositivos normativos de la realidad y de la comprensión de lo que somos como
humanos. Esta actitud crítica debe llevarse al extremo con los medios de comunicación
ya que como decía Malcolm X:” …te harán amar al opresor y odiar al oprimido."

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