viernes, 4 de septiembre de 2020

El mito de Medusa y la revictimización de la mujer

 

El mito de Medusa y la revictimización de la mujer

Lic. Jeffry Campos Monge

Pastor Luterano

En las mitologías, una narración puede 

ser conocida desde varias fuentes distintas, 


cambiando personajes, tramas e incluso finales.

 Lo anterior es muy frecuente cuando las narraciones son trasmitidas por medio de la tradición oral. Cuando determinada narración ha pasado a la tradición escrita, esta se vuelve más estable en cuanto a los contornos narrativos, aquí lo que si es cambiante y dinámica es la interpretación que se haga de la misma historia.

En el caso del Mito de Medusa,  la narración nos llega por la pluma del poeta Ovidio el cual describe como la hermosa y deseada sacerdotisa de Atenea es violada por Poseidón y rechazada por la divinidad femenina a la que sirve. Como si no fuera suficiente, como consecuencia de la violación la diosa principal del templo en el que la doncella sirve la “castiga” trasformando sus cabellos en serpientes.

Esta breve reseña del mito de Medusa nos debe hacer pensar en los constantes femicidios, violencias intrafamiliares, acoso callejero, desigualdades económicas y muchas otras formas de violencia hacia la mujer y como en muchas ocasiones, además de ser violentadas, existe una tendencia casi inmediata a la culpabilización de la mujer. Esta doble victimización no es otra cosa que la validación de todas las formas culturales de dominación, que solapadamente se esconden y reproducen en los distintos dispositivos culturales: formación del hogar, juguetes, canciones, películas, lenguaje coloquial, y restricciones de roles por género.

En la narración mitológica de Ovidio, Medusa no es una mujer violada que debe ser protegida y su dignidad resarcida al castigar a la divinidad masculina que la ha violentado; todo lo contrario, ella, al verse vulnerable se esconde en el templo del cual espera recibir seguridad,  pero contrariamente recibe repudio de la diosa a la que servía, ya que con “su impureza ” violenta la santidad del lugar, y como consecuencia es vilipendiada al punto que al  ser trasformado su cabello en serpientes se le niega su humanidad para llevarla al ámbito de lo monstruoso.

Oculta en la narración mitológica está todo el sistema de valores del mundo griego, en estas como en otras narraciones, se esconden los códigos conductuales, los horizontes de sentido y las formas de comprender las relaciones hombre y mujeres.

Hoy también tenemos nuestras narraciones “míticas” cumpliendo la misma función. El reportaje de canal 7 titulado “La habitación Número 3” no solo se está pensado en el titulo para un reportaje, sino que, de forma tendenciosa, busca llevar la comprensión de un femicidio hacia el terreno de la historieta policial, vaciando el incidente de la comprensión sociológica, de género que están detrás del crimen.

Pero esta no es la primera vez que vemos como algunos medios de comunicación se han decantado por este tipo de narrativas que en su fondo buscan más impactar el imaginario morboso que la conciencia crítica y la empatía e indignación que deberían despertar en cada uno de nosotros cada ves que un hecho de estos sucede.

Expresiones como: “por vestir así”, “esas no son horas de salir”, “seguro lo andaba buscando”, son solo algunos ejemplos de como se ha interiorizado en algunos sectores de la población la lectura culpabilizadora, la cual oculta una inconfesa lealtad a los sistemas y mandatos sociales que validan la violencia hacia las mujeres.

También el cristianismo debe volver su mirada a las narrativas relacionadas hacia la figura de la mujer, ya que también dentro de la comprensión de ciertas figuras femeninas ha caído un nimbo de maldad intrínseca o de moralidad dudosa. En este particular se debe recordar el error histórico en el caso de María Magdalena, la cual por una predicación del papa Gregorio el Grande (591) la confunde con las mujeres mencionadas en Lc7,37-Lc 8,1.

Hoy las nuevas mitologías sobre la mujer y el hombre vienen de los grandes medios culturales que masifican imaginarios de niñas modelos hipersexual izadas y varones que están siendo socializadas en el consumo de la violencia como una forma de entretenimiento, produciendo la cosificación de la existencia y creando los escenarios psicológicas y sociales para la violencia normalizada.

Para finalizar, hoy más que nunca se debe desarrollar un profundo rigor crítico con todas las producciones culturales, ya que es en estas en donde se esconden los dispositivos normativos de la realidad y de la comprensión de lo que somos como humanos. Esta actitud crítica debe llevarse al extremo con los medios de comunicación ya que como decía Malcolm X:” …te harán amar al opresor y odiar al oprimido."



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